Tengo una idea ¿Ahora qué hago?

Si se tiene actitud emprendedora y surge una idea, es preciso articular una serie de pasos que permitan materializarla. El proceso que va desde la formulación de la solución a su puesta en marcha puede resultar difícil, difuso y complejo, a pesar de que haya apoyos, debido a la falta de información o a la confusión  generada  por  un exceso de datos que no  siempre están armonizados o ayudan a trazar  el  camino adecuado.

Cuando un emprendedor tiene un proyecto, no siempre encuentra aliados, ni sabe cómo echarlo a rodar o cómo definir un plan que le permita convertir su iniciativa en un negocio. Existen numerosas barreras, pero las más evidentes son, por ejemplo, la falta de información sobre cómo materializar una idea o dónde encontrar aliados; la dispersión en materia de ayudas y asesoramiento; la lentitud de los trámites administrativos; la poca financiación adecuada y bien articulada; la falta de foco sobre protección intelectual o el cortoplacismo de los aliados, colaboradores y administraciones.

 

¿Todos los emprendedores son iguales?
 

En plena efervescencia por todo lo relacionado con el emprendimiento, existe cierta confusión sobre el significado de esta palabra y, sobre todo, sobre qué tipo de proyectos y emprendedores es preciso fomentar. En este momento, es frecuente mezclar conceptos como emprendedor, startups, autónomo, pyme o microempresa sin distinguir correctamente sus diferencias, motivaciones  y necesidades. 

Todos los emprendedores son necesarios y forman parte del impulso que estamos experimentando como país, pero para acertar en el fomento del emprendimiento, es preciso delimitar mejor los términos, saber de qué estamos hablando y priorizar las medidas para aportar a cada tipo de emprendedor el apoyo que realmente necesita.

 

Fuente: PWC